3/8/2024 - 00:12 - TANDIL
Los cinco colores cegarán la vista del hombre.
Los cinco sonidos apagarán el oído del hombre.
Los cinco sabores arruinarán el paladar del hombre.
La caza y la montería tornarán salvaje al hombre.
Las cosas difíciles de obtener dañarán la conducta del hombre.
Por consiguiente haz provisión para el estómago pero no para los ojos.
*** De ninguna manera deben tomarse estas líneas como si expresaran el odio del asceta por la experiencia sensible, pues quieren decir precisamente que la sensibilidad del ojo es perjudicada por la idea fija de que hay justamente cinco colores verdaderos. Hay una infinita continuidad de matices, y al dividirla con nombres distraemos la atención apartándola de las sutilezas. Por esta razón "el sabio hace provisión para el estómago y no para los ojos", es decir que juzga por el contenido concreto de la experiencia y no por su conformidad con normas puramente teóricas.
Uno no piensa en respirar, en cada latido del corazón, ese misterioso proceso que nos permite regular la increíble complejidad de nuestros cuerpos sin pensar en ello para nada.
Así, tampoco podremos saborear mejor nuestra comida haciendo trabajar más los músculos de la boca y la lengua. Tenemos que confiar que la lengua actúe por sí misma.
Cuando se nos enseña a depositar excesiva confianza en la visión central, en el brillante foco de los ojos y de la mente, no podemos recuperar el poder de la visión periférica a menos que primero relajemos los órganos de la visión.
Su equivalente mental o psicológico es esa especial estupidez a la que Lao-tzu y
Chuang-tzu se refieren tan a menudo. No es simplemente la quietud de la mente sino una especie de "desasimiento" mental.
Como dice Chuang-tzu: "El hombre perfecto usa su mente como un espejo. No aferra nada, no rechaza nada. Recibe,pero no conserva." Hasta podría decirse que se "empaña" ligeramente para compensar la claridad demasiado hiriente.