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OPINI�N - MARIANO L�PEZ GUERRERO
Todos aplazados

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16/9/2024 - 02:02 - TANDIL

No tengo muy claro quién lo empezó. No sé si a esta altura de la hecatombe merece tanto la pena buscar culpables. Lo cierto es que estamos obligados a exigir y participar en la detención de la degradación del sistema educativo, que está provocando, creo, sin dudar, un verdadero “exterminio intelectual”.

Yo entiendo que a eso estamos asistiendo. Bastante ajenos, por cierto. Preocupantemente despreocupados.

Hace algunos días se reflotó la discusión sobre la educación pública a partir de esta idea que parece bastante absurda de quitar las notas más bajas por “estigmatizantes”. Encima, corrientes interesadas malvendieron la información con el asunto que “no habrá más aplazos”. Eso no es del todo cierto, aunque sí lo es que, hoy en la escuela, es más difícil salir bochado, que zafar con la mínima.

Supongo que es lo poco que la escuela les está aportando a los pibes hoy. Maniobras para zafar. Supervivencia. Este país se la va a demandar seguramente y los pibes, los adultos, ni hablar los ancianos, tenemos que saber zafar.

El asunto, se me ocurre, con la educación pública, es que desde hace muchos años, los funcionarios “expertos” en el tema hacen como que trabajan y entonces toman medidas y cacarean anuncios y parece que modernizan, pero en realidad solo profundizan un proceso corrosivo que se está comiendo las entrañas de un factor fundamental para crear ciudadanos. Por ahora, el sistema solo escupe habitantes. Sin rigor, sin espíritu crítico, con escasa ambición, pero eso sí, con insuperables herramientas para zafar.

Esfuerzos docentes al margen, es muy cierto que los tiempos han cambiado y que el alumnado ya no es el mismo. Se ha modificado la mirada hacia la autoridad y hoy el gesto adusto de una maestra ya no asusta a los pibes de un cuarto grado. Ya casi nada asusta a los pibes de un cuarto grado, y menos un “bochazo”.

El tema de las notas y la bajada de línea de los ministros, se sabe, es porque intuyen que si los docentes ponen las calificaciones que tienen que poner, por cada curso pasa de año la mitad de los alumnos. ¡Imagínese ese nivel de repitencia en el currículo de su gobernante! Insoportable. Mala prensa. Y un obstáculo para su próximo objetivo, para el cual necesita votos, que probablemente le serán retaceados si no puede mostrar “resultados” en educación, por ejemplo.

Entonces, parece que más simple que arreglar las escuelas, minimizar las medidas de fuerza de los maestros y alimentar a los pibes, es levantar las notas por decreto. Es decir, zafar. Zafan los de arriba y zafan los de abajo.

Ya mucho se ha dicho en la responsabilidad que tiene el ámbito familiar en la formación de un chico y que la escuela enseña, pero la educación es otra cosa y tal. No voy a redundar. Pero también es cierto que hoy cientos, miles de chicos, van a la escuela solo a comer. Después, con la panza llena, ven. Si pueden aprender, mejor. Pero lo primero es lo primero.

Y así, con este dato palpable, concreto, resulta que las directoras de las escuelas tienen que hacer milagros para tener cupos en los comedores. Resulta que para eso la guita no alcanza. Resulta que los chicos se quedan con ganas de una rodaja más de pan y nosotros queremos que sepan el teorema de Pitágoras.

En esta diatriba, no se puede soslayar que en los últimos años, algunas medidas han sido un empuje. El aumento del porcentaje del PBI en educación o planes necesarios como Conectar Igualdad y el Fondo Educativo que se baja a los municipios, han paliado algunos aspectos de un esquema que viene muy “cascoteado” y han acercado algunas brechas. Pero a la luz de los problemas que se siguen observando, parecen no haber sido suficientes.

El asunto es muy complejo como para que lo resolvamos en estas líneas. Pero en todo caso, la queja apunta a que el tema se priorice. Nada define más el futuro de un país, que su sistema educativo. Yo creo que es más importante que un Polo Audiovisual, que el ciclo de recitales que la provincia va a hacer en el verano en la costa o que colocar nuevas estatuas de Cristo, dicho esto con todo respeto.

No pretendo caer en la crítica fácil, pero a veces es un tanto inevitable, porque es una cuestión de decisión política. ¿Por qué no detenemos este exterminio intelectual y después nos la gastamos en reviente? ¿Qué les parece si invertimos en escuelas con techos, salarios docentes y, mientras dure la emergencia social, que para mucha gente va a ser larga, comedores con calidad nutricional? Y sobre todo, ¿Qué tal si empezamos a inculcarle el mensaje a los chicos de que no es todo lo mismo? Que la escuela y los libros ofrecen recompensas.

Y no la recompensa entendida solo en el sentido materialista de la cosa, sino también, en que cuando sean adultos, el conocimiento les va a permitir detectar a gobernantes falaces, faranduleros e inoperantes y así, no cometerán los mismos errores que la gente que votaba cuando ellos iban a la escuela.

Mariano López Guerrero

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