5/2/2024 - 15:52 - TANDIL
Héctor O. Di Rocco, investigador del Conicet y profesor titular de la Facultad de Exactas (Unicen), abarca cuestiones globales y locales. Desde la tragedia en Metalúrgica al precio de las garrafas. A continuación el texto que envió:
“La Argentina es un país obsceno, por más de un motivo. En muchos lugares conviven, a veces, calle de por medio, la riqueza ingente y la pobreza escandalosa. No es el único país de estas características, lógicamente, pero nosotros vivimos aquí.
Y no sólo vivimos en la Argentina; particularmente, lo hacemos en Tandil, espejo de aquélla. No solamente espejo en los porcentajes electorales, como cuando era un muestrario del país industrial (industrias metalúrgicas, ¿se acuerdan?), ganadero, estudiantil... Ahora lo es en su obscenidad.
Hace poco más de un año, en la que fue empresa icónica de nuestra ciudad, tres operarios murieron de una forma tan cruel como lo hacen los rehenes de los fanáticos religiosos. Es imposible para mí saber quién fue realmente el responsable; tal fueron los operarios, pero la experiencia me dice que tal opción mental es de bajísima probabilidad. ¿No recordamos a qué otro incendio se debe que el 1º de mayo haya sido declarado el Día Internacional del Trabajo?
Hace pocas semanas, en la provincia de Entre Ríos, un asesino que usa un auto de altísima gama, mató a dos o tres personas pero, la jueza que atiende la causa, dictaminó que la verdadera víctima era el conductor, necesitado de asistencia psicológica. En nuestra ciudad, en los últimos días, nos hemos enterado de asesinados en plena calle, ya no merced a autos de alta gama; estas veces, con camionetas de alta gama. Ex profesoras, repartidores de alimentos, vecinos del barrio Las Tunitas, y un larguísimo etcétera, sufrimos los muertos y otros embates de la obscenidad.
Otros rasgos menos grave de la obscenidad (¡casi todo es menos grave comparado con aquellas muertes!) es el comportamiento diario de muchos de nuestros semejantes. A modo de ejemplos, es consabida falta de agua que ocurre en muchos lugares, ya desde comienzos de noviembre, que se hace crítica durante los meses más tórridos, mientras por las cunetas se van alegremente metros cúbicos de las piletas recién vaciadas, y que se llenarán al rato, bombas hidráulicas mediante.
El uso desconsiderado de la energía eléctrica para refrescar a 18º ambientes sin persianas (¡ojalá los paseantes puedan ver nuestros lujos! pareciera ser la consigna), el uso de energía relativamente barata para calentar las piletas en invierno (comparado con el precio de las garrafas para los barrios más carenciados), y otro larguísimo etcétera, son otras muestras de nuestro Tandil... de nuestro país. Porque es nuestro país y no, como suele decirse, este país...; es el nuestro, duela o no.
Evidentemente, algunas muestras de obscenidad podrían curarse muy rápidamente; por ejemplo, con una sabia política de impuestos. Conste que no es necesario romperse mucho la cabeza: basta con preguntarle a algún embajador nórdico para ver cómo hacen... a ellos las recetas les funcionan desde hace muchos años, y les funcionan bastante bien. También podrían pensarse telúricamente, con todas las Facultades de Ciencias Económicas que hay en Argentina. Pero habría que ver...
Pero están los otros casos, más graves que la falta de agua y el precio de las garrafas. Son los nuevos opulentos, a quienes no bastan usar sus naves espaciales para ir a comprar el yogur al supermercado del barrio. También tienen que mostrar que van rápido, que pueden pasar semáforos en rojo (total...), que pueden correr picadas, que pueden acelerar al máximo cuando el semáforo se pone en amarillo cincuenta metros antes de que los émulos de Fangio lleguen a la esquina, que pueden matar a quien se les cruce, que pueden chocar viviendas humildes...¡Qué asco ¿no?! Y todo esto en un Lugar Soñado.
Dr. Héctor O. Di Rocco
DNI: 10.612.630
Prof. Titular Fac. Cs. Exactas, UNCPBA.
Investigador del CONICET”